FORJADORES DE MÉXICO / Compasión, por favor

La ignorancia de quienes realizan trabajos terribles es indudablemente bienaventurada, pero siempre es moralmente impropia.

Por Antonio Ortíz, Presidente de Forjadores de México, A.C

Como algunos trabajos pueden ser muy gratificantes desde el punto de vista monetario, intelectual o moral, solemos inadvertir las cargas que otros soportan y su trabajo se vuelve invisible para nosotros.

Sin embargo, cuando vendemos nuestro tiempo por horas, en realidad vendemos nuestra vida. Por ello, resulta muy decepcionante tratar de llegar a fin de mes con trabajos de bajos salarios.

El trabajo duro, repetitivo y profundamente poco glamoroso, ese que “cualquiera puede hacerlo» implica mucho sufrimiento.

El peligro de un círculo de riqueza cada vez más amplio, escribió John Kenneth Galbraith en The Affluent Society, es que «nos instalaremos en un cómodo desprecio por aquellos excluidos de sus beneficios y cultura y existe la probabilidad de que, como tantas veces en el pasado, desarrollemos una doctrina para justificar la negligencia».

Entonces, los ricos rara vez ven a los pobres.

¿Qué explica tal ceguera? Puede deberse, en parte, a las comodidades de la cuna a la tumba que tantas personas disfrutan hoy en día, una condición que nos aleja de una apreciación empática de un día de trabajo pesado.

La monotonía es un trabajo cuya recompensa no descansa en la tarea sino en la paga.

La ignorancia de quienes realizan trabajos terribles es indudablemente bienaventurada, pero siempre es moralmente impropia.

En un momento en el que las organizaciones no gubernamentales son desdeñadas de los presupuestos públicos y ls leyes, si pretexto de que no ayudan en nada y los beneficios pueden darse directamente a las poblaciones vulnerables, corremos el riesgo de no ver más a los pobres y a quienes enfrentan realidades devastadores y terribles.

Una manera de visibilizar asimetrías que laceran a distintas personas, aquellas que tienen trabajos monótonos, es galardonar a quienes si las ven y trabajan en favor de mejorar sus condiciones de vida en distintas maneras. La filantropía no puede desaparecer: es parte sustancial de la compasión o don para empatizar con el dolor de los otros.

 

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