Por Rogerio Hershberger, filántropo y conferencista. Creador del Programa de lectura compartida padres e hijos
Frente a las bibliotecas pasan muchas personas indiferentes, llenas de problemas, dudas o inquietudes laborales, personales y familiares… extrañamente, no se percatan que en estos lugares pueden encontrar las respuestas a sus inquietudes y no sospechan que esos sitios pueden transformarlos.
Es el mundo actual, muchas respuestas están “fabricadas” y es escasa la convicción por crear conciencia o inquietud por investigar soluciones o propuestas y explorar opciones.
Nos gusta que ya todo esté resumido, escrito e inclusive determinado. En aras de una simplificación superficial, buscamos eliminar la conciencia de decidir, buscar o elegir soluciones acordes a nuestro marco referencial, circunstancias y credos. Los caminos más idóneos para nuestras vidas los hemos desdeñado so pretexto de instantaneidad.
¿Por qué hemos elegido que las conciencias sean formadas por los liderazgos cibernéticos, por qué seguimos estereotipos e influencias determinada’, ¿en qué momento las directrices mercadológicas se adueñaron de nuestro propio Yo, el Yo consiente que es la brújula que guía en nuestras vidas?
¿En dónde está el Yo personal intuitivo, analítico, investigador y concluyente?
¿Todo debe de estar o de ser digerido y dirigido a que ya no pensemos?
Las estadísticas nos dan números de tristeza y decepción: el cierre de Bibliotecas, la clausura de conciencias, la manipulación de las mentes y la enajenación.
Nadie observa que en las Bibliotecas se da la escuela más fundamental que tiene el ser humano en cualquier contexto social: el respeto, la libertad, la interacción humana.
En este tiempo asumimos que todo debe de ser rápido y concluyente y quizá, sin textura ni valores.
¿Ya nos olvidamos de nuestras amadas Bibliotecas públicas?, ¿Por qué en cada momento las desairamos más y más?,¿Por qué ignoramos su potencial para catapultar nuestras habilidades y dones?
Los “templos del saber” desaparecen. Los niños no disfrutan a plenitud sus fortalezas, los padres no gozan y comparten con sus hijos sus grandes recursos. Los libros están solos, abandonados… pero aguardan fielmente a que nuestras manos les den calor y nuestras mentes se iluminen.
La gente no se da cuenta que, en las entrañas de una Biblioteca se gestan valores trascendentales como el respeto y la libertad.
¿Morirán las bibliotecas para muchos?, no lo sé… Pero ayer reí de gozo porque un niño pequeño, de ojos inocentes, recogió un libro de cuentos en la basura y lo metió en una cajita vieja de cartón. En ese momento supe que aún hay esperanzas para en las nuevas generaciones no desaparezcan mis amados libros impresos y también mis grandes y hermosos templos del saber…

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